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Microcoches

Poder aparcar donde uno desea no es nada sencillo en las grandes ciudades, más si se tienen grandes vehículos, monovolúmenes y demás.

Su uso no está generalizado, pero dadas las ventajas que suponen en este campo, por no mencionar el ahorro económico, los microcoches comienzan a proliferar en las grandes metrópolis.

Aunque hay varias definiciones, la manera más sencilla de entender cuándo se denominan microcoches es pensar en automóviles especialmente pequeños, es decir, de menos de tres metros de longitud que además suelen tener tres ruedas y solo dos asientos, el de piloto y copiloto.

En un principio, además de las ventajas que suponen por ser un importante ahorro de combustible, los gastos en cuestiones fiscales y de seguros son también considerablemente menores al ser similares a los de una motocicleta, en lugar a los de un cuatro ruedas.

La fabricación de estos transportes también conlleva un mayor control de la economía,  especialmente cuando hay escasez de materias primas y en los periodos, como el actual, en los que los precios de los carburantes están tan elevados. Solo hay que remontarse a su origen para comprenderlo. Los microcoches surgieron en Alemania tras la Segunda Guerra Mundial para rentabilizar las antiguas fábricas de aviones como Messerschmitt y Heinkel. Al país pronto le siguió Francia. 

Concretamente en España, este tipo de vehículos se dieron en la postguerra, de los años 40 hasta los 60, proliferaron los microcoches, nombrando el Biscúter como uno de los modelos más afamados.

Hoy en día están por todas las ciudades y cada vez se fabrican más modelos con nuevos y atractivos diseños. Y es que desde que en 1998 entrase al mercado el Smart Fortwo, un vehículo que casi parecía de juguete, los coches micros volvieron a ponerse de moda.

[IMG | © flickr.com Robert W. Howington CC